miércoles, 22 de enero de 2020

CAPÍTULO 3 :EL CAMINO QUE ME LLEVÓ A TI



Los dos hermanos avanzan en su paseo por aquellos lugares de su tierra que tanto anhelaban cuando estaban fuera del país. Italia tiene sitios hermosos en verdad, pero para ellos no hay nada como el lugar que los vio nacer hace ya algunos años. Ambos miran, disfrutan de la belleza incomparable de aquella localidad.

Las hermanas Marini, no muy lejos de allí observan como el otoño hace caer al suelo las hojas de los árboles dejando un camino entre dorado y cobrizo en el suelo por el que multitud de personas transitan a diario.

Esa época del año es sin duda  una en la cual la belleza de la naturaleza se muestra en todo su esplendor. Para las hermanas Marini el Otoño siempre ha sido su estación del año favorita.

Cada vez que empieza el Otoño ambas salen a pasear, a ser posible a diario, para disfrutar de la hermosa vista que la naturaleza les regala, aunque eso suponga una reprimenda de sus progenitores, muy estrictos que no ven con buenos ojos que sus dos hijas salgan a la calle sin nadie que las vigile y controle lo que hacen o con quien se relacionan. No quieren que ningún indeseable las seduzca y arruinen un brillante futuro como esposas de dos hombres de buena posición social y económica y por descontado blancos.

La hija de una familia conocida por los Marini, se enamoró de un joven de piel negro y aquello provocó un escándalo en la clase alta de Venecia. La mujer terminó muriendo después de dar a luz al fruto de sus amores clandestinos con el hermoso joven afroamericano que, por si fuera poco era pobre.

La gente, entre ellos los Marini, está convencida, que enredarse con un tipo como aquel trajo la desgracia a su vida y lo acabó pagando muriendo sin poder ver a su criatura. El padre del bebé exigía ver a su retoño, pero no se lo permitieron argumentando que no era hijo suyo sino de su marido. Aquello era una mentira contada por la familia para alejar a aquel buen muchacho al que odiaban por su color de piel en especial y por su posición social también.

—Yo soy su único marido. —les dijo entonces el joven.

Y la familia de la joven supo en ese momento era cierto. Su hija siempre había tenido claro que solo tendría un hijo con el hombre que se convirtiera en su esposo.

Aquello enfureció al padre de la joven que decidió dar un escarmiento a aquel joven por su insolencia y por haberse atrevido a poner los ojos en una mujer blanca. Junto con unos amigos racistas, un día engañaron al joven haciéndole creer que le aceptaba como yerno y que le dejaría ver a su hija, pero todo era una mentira para atraerle.

Luego le llevaron a un bosque solitario y después de darle una paliza, le cortaron el cuello, destrozando su cara a golpes para desfigurar su rostro. Y mientras el joven agonizaba, el malvado y rico hombre le dijo que la mujer que amaba había muerto en el parto.

Mientras su vida se extinguía por el corte de su garganta, él lloraba por la muerte de ella.

Su caso se acabó pareciendo al de el adolescente Emmet Till, en el que el racismo, la mentira y la brutalidad acabaron con él de la manera más brutal que un ser humano puede emplear contra otro.

Por fortuna para la familia de la joven, porque para ellos fue una suerte, la criatura que la joven alumbró había sacado la piel blanca de su madre por lo que podrían hacerla pasar por una niña blanca. De esa forma nadie sabría el bochornoso secreto que querían ocultar, aunque eran conscientes que la genética de esa criatura estaba allí y que cuando fuera madre, si es que alguna vez llegaba a serlo, esos genes afroamericanos podría heredarlos su descendencia. Si eso llegara a suceder, lo único que podrían alegar es que habría sido infiel a su marido aunque no fuera cierto. Prefirirían que la gente creyera que era una mujer infiel a la que, para ellos era, una vergonzosa realidad.

Las hermanas Marini saben que la joven sufrió mucho por ese amor clandestino que vivía con el hombre que amaba y no permitirán que eso les pase a ellas. Si algún día se enamoran de personas que sus padres no aceptan, sus progenitores tendrán que resignarse y aceptar.

Las chicas aman su tierra, pero cuando vivían en Nueva York se sentían más libres, allá en Italia, están más vigiladas. Las dos jóvenes se divierten viendo caer las hojas del Otoño como si fueran dos niñas aún pequeñas y siguen el camino de hojas amarillas y marrones.

—Somos como Dorothy siguiendo el camino de baldosas amarillas. —comenta una de ellas a la otra.

Su hermana se ríe.

—Y los zapatos rojos de rubíes para volver a casa al golpearles tres veces entre si. —asevera la otra joven. —Mira podríamos usarlos pero para escapar de esos idiotas con los que nuestros padres nos quieren comprometer.

—Yo le daría con ellos dos en la cabeza a ambos. —dice Arabella, la más morena de las hermanas. —Ahora solo falta que encontremos al león y al espantapájaros.

Ambas se ríen.

—¡Oye! tenemos que comportarnos como chicas decentes de los años sesenta y esperar a que unos hombres vengan a rescatarnos porque nosotros somos unas inútiles que no pueden ni elegir a quién desean amar. —bromea Rosella con un mohín de disgusto en su rostro.

No muy lejos de allí, los hermanos Jackson Darby se fijan en las hojas caídas en el suelo.

—¡Qué curioso? Mira hermano, las hojas forman una especie de camino y juraría que algunas forman una especie de flecha. —comenta el chico de pelo rizado y largo.

—Eso parece. —responde el chico de las trenzas, Terence. —¡Qué cosas tan extrañas suceden a veces en la naturaleza! —se encoge el muchacho de hombros.

Los cuatro siguen avanzando siguiendo el rastro de las hojas que parecen formar un camino. Las hermanas Marini bromean entre ellas, mientras que los dos hermanos les devuelven la sonrisa a las mujeres con las que se cruzan y que los sonríen tratando de seducirles. Que ambos tengan un aspecto tan agradable a la vista y que sus cabellos se vean tan distintos a lo que suele ser habitual en los años sesenta llaman la atención de todos los viandantes.

En ese momento se levanta un poco de viento y las hojas que parecían formar un camino indicando hacia que dirección encaminarse se mueven alrededor de los cuatro envolviéndoles como si estuvieran danzando, rodeándolos. Cuando las hojas caen al suelo y permiten ver de nuevo, los hermanos Jackson y las hermanas Marini se encuentran frente a frente tan cerca que podrían tocarse de manera algo íntima si quisieran. Durante unos minutos los cuatro se observan en silencio fijamente. Arabella y Rosella se percatan de un detalle de los hermanos que las sorprende. Los colgantes que los jóvenes tienen sobre sus cuellos no son los típicos que la gente joven luce en esa época, de amor y paz. Sobre el pecho del chico de las trenzas, Terence, se ve la cabeza de un león dibujada sobre el colgante. Sobre el de el chico de la melena rizado, se ve lo que parece una cabeza de espantapájaros con un ave sobre su gorro.

—Bueno, Dorothy, aquí los tenemos. —dice Rosella mirando a su hermana rompiendo la magia del momento.

Arabella enseguida se percata de lo que su hermana quiere decir y sonríe.

Luego los cuatro se alejan siguiendo su camino pero volviendo la cabeza hacia atrás para mirarse.

Lejos de allí, la hija de aquella pobre chica que vivió un amor prohibido con una persona de otra raza y que acaba de cumplir trece años acude al cementerio acompañada por su abuela que no la deja ni a sol, ni a sombra y que controla todo lo que hace y a quien conoce. La mujer ha tratado de inculcar el odio a su nieta por la gente de raza negra haciéndola creer que son mala gente y que uno de ellos abusó de su madre. También le ha ocultado que su padre era un hombre bueno de piel negra que fue asesinado de manera vil por su propio abuelo. Sin embargo, la joven es incapaz de odiar a nadie y menos por su color de piel, pero se pregunta si será verdad lo que sus abuelos le han dicho siempre.

A unos metros de allí, dos personas las observan a ambas. Cuando la racista dama de alta alcurnia se percata que la abuela y el tío paterno de su nieta las miran se lleva a la chica de allí sin decir nada. Luego gira la cabeza y los mira con odio mientras la dama de piel oscura derrama unas lágrimas por no poder conocer y dar un beso a su nieta.




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